Siguiendo el esquema de José Bleger (“Psicología”) podemos dividir los factores que inciden en la aparición de la ansiedad en tres áreas de influencia:
1) Área ambiente o medio externo o mundo externo (al sujeto)
2) Área corporal
3) Área mental
En el Área ambiente está todo el marco social del individuo, los sucesos de la vida doméstica, sus amistades, las responsabilidades académicas o laborales y allí radican los factores que producen el estrés que no es más que el conjunto de señales de alarma necesarias para la adaptación del individuo a las exigencias del medio ambiente. El estrés es un relicto de los tiempos prehistóricos cuando el hombre primitivo tenía que vérselas con la amenaza de grandes bestias, tormentas, cataclismos, sequías. Con el correr del tiempo, estas amenazas se han ido sofisticando: hoy día un jefe muy exigente o los exámenes en la universidad pueden ser vividos como factores de estrés ya que siguen siendo exigencias de adaptación y están vinculadas con la responsabilidad del individuo y el mantenimiento de una cierta jerarquía o status social. La pérdida de trabajo es el equivalente moderno de un terremoto prehistórico y desencadena en el individuo (o la individua) una serie de reacciones que empiezan en la esfera simbólica de lo mental y terminan somatizándose, es decir, transformándose en signos físicos, corporales.
Esquematizando:
1) Área ambiental : estrés.
El Área corporal se encuentra atrapada entre el medio ambiente y la mente. Todos los factores estresantes (discordias familiares, maltrato doméstico, problemas económicos, problemas políticos y sociales) impactan sobre la mente que recibe esta información y debe procesarla para dar alguna respuesta operativa; esto quiere decir, tomar una decisión e intentar cambiar las condiciones. Muchas veces esto no es posible. Supongamos que se produjera un golpe de Estado y afectara a todos los ciudadanos de tal nación. Estudiemos en especial el caso del señor Julio R, sindicalista. Julio sabe perfectamente que en su calidad de líder sindical será uno de los primeros sospechados por un gobierno de facto que quiere recortar las libertades individuales y los derechos que ampara la Constitución. Julio es un blanco perfecto para las nuevas fuerzas; y en consecuencia tiene dos alternativas: exiliarse en el extranjero para evitar las persecusiones o quedarse ateniéndose a los riesgos que corre. Una u otra opción serán factores estresantes; si se exilia, debe abandonar a su familia, buscar un nuevo trabajo, casa, ubicación. Si se queda, estará continuamente pensando que en cualquier momento lo pueden detener clandestinamente, tal vez secuestrar, torturar, matar y nuevamente su familia queda indefensa. Está claro que el factor desencadenante viene del medio externo, del ámbito político-social donde vive. Él no puede hacer nada o muy poco para cambiar estas condiciones adversas.
Otro ejemplo, mucho más común en nuestros tiempos. Mónica A. está casada con Pedro T. quien la maltrata psíquicamente desde los primeros años de la vida matrimonial. En ocasiones, también la maltrata físicamente y ha llegado a causarle heridas serias delante de sus hijos. Toda la familia vive aterrorizada pero como Mónica ha sido convencida que es una inútil y nada puede hacer para cambiar su vida, sigue tolerando la violencia doméstica. Cada vez que Mónica analiza su situación ve dos alternativas: separarse del esposo maltratador, lo que la deja desprotegida económicamente ya que desde que se casó el marido le prohibió (entre otras cosas) seguir trabajando para reforzar la dependencia de él; o continuar soportando la situación de maltrato hasta el final. Ambas opciones causan estrés; sólo que en este caso Mónica tiene mucha más capacidad para transformar la realidad que Julio; bastaría tomar la decisión de separarse definitivamente del marido y asumir la responsabilidad de su propia vida lo que causará estrés un primer tiempo pero poco a poco irá cambiando, ganando seguridad y confianza en sí misma y en sus capacidades. Esto es lo que se podría encuadrar dentro del mito de la “telenovela venezolana” en la que siempre existe una chica buena, hermosa, pura, abnegada y pobre que entra a servir como mucama o niñera en una mansión. Desde el primer capítulo la chica buena pone los ojos en el hijo del patrón pero el muchacho tiene novia, hermanas, madre, tías y toda una coalición de personajes pérfidos que se opondrán tenazmente a la relación con la mucama. En cada episodio la chica buena sufrirá todas las formas de humillación, maltrato, difamaciones, insultos, atentados de los que saldrá victoriosa gracias a su bondad y honradez natural. Finalmente, conseguirá convertirse en la esposa del hijo millonario y lo que se cree un final feliz no es más que el inicio de otra dependencia. Antes, pobre, era dependiente de sus necesidades. Ahora, casada, será dependiente del marido. No ha conseguido la emancipación personal que todos buscamos. Es lo que se refleja en “Casa de muñecas” de Ibsen.
2) Área corporal: ansiedad.
Cuando un factor de estrés es demasiado intenso (por ejemplo, un grave accidente y sus consecuencias) o se mantiene en el tiempo (por ejemplo, la situación de violencia doméstica) la mente no puede hacer frente al mismo y en un momento determinado la desborda atravesando por la vía del Sistema Nervioso Autónomo (SNA) la barrera para pasar al cuerpo produciendo signos y síntomas que se ponen de manifiesto modificando las funciones automáticas que ejecuta normalmente el SNA: circulación sanguínea, respiración, digestión, mantenimiento de la temperatura corporal, tono muscular, micción, sueño, apetito. La ansiedad invade estas funciones vitales alterando el normal desempeño de la vida neurovegetativa. Normalmente usted no necesita decir quiero que mi corazón trabaje a 90 latidos por minuto y mi presión arterial se mantenga en 120/80 mmHg... estas funciones se regulan automáticamente porque hay dos sistemas, el llamado Simpático y el Parasimpático (ambos conforman el SNA) que se mantienen en equilibrio activo normalmente. Pero un exceso de ansiedad consigue romper ese delicado equilibrio haciendo que uno predomine sobre el otro. Si predomina el Simpático, se descarga adrenalina y tenemos taquicardia, palpitaciones, dolor u opresión en la zona del corazón, sudoración, sequedad de la boca, sed de aire, desesperación extrema. Si predomina el Parasimpático tendremos visión borrosa, náuseas, diarreas, frialdad de manos y pies, mareos, atragantamiento.
3. Área de la mente: angustia.
Por último tenemos el área de la mente, lo más interno en nuestro esquema. Mucha gente confunde mente con cerebro y es como confundir la computadora con el sistema operativo. Usted puede comprarse una computadora flamante, con los últimos componentes pero si no le carga el Linux o Windows no podrá trabajar con el equipo. Al encender, la pantalla sólo se mostrará blanca, no habrá ninguna señal ni icono ni forma de iniciar ninguna tarea. El cerebro es el soporte físico, la mente es el sistema de informaciones y conexiones de datos almacenados y en circulación activa. Ambos están íntimamente conectados. No puede existir una mente sin cerebro a menos que usted crea en los espíritus y fantasmas. Sí puede existir cerebro sin mente en el caso de deterioro grave por atrofia del tejido cerebral como en la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencias.
La mente es el dominio de lo simbólico, allí está codificado el lenguaje, se concentran las emociones ligadas a los recuerdos, en la memoria se almacenan los datos del pasado jerarquizados según la particular manera de ser de cada uno; la inteligencia, la voluntad que nos mueve o nos adocena. Todas las funciones cognitivas son distintas expresiones mentales. La mente es lo que antiguamente se llamaba alma. En la mente está articulada nuestra personalidad.
alejandro maciel 2010

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